¿Te habías planteado alguna vez cómo el lenguaje condiciona nuestras emociones?

¿Alguien te había contado que, si modificas tu lenguaje, modificas tu estado de ánimo?

Si la respuesta a las dos preguntas anteriores es un no, sigue leyendo y estarás más cerca de alcanzar tus metas…

Nuestros pensamientos originan nuestras emociones, pero lo que origina esos pensamientos es el diálogo interior que, curiosamente, se ve reflejado en el diálogo exterior.

Hacer pequeñas modificaciones en nuestro lenguaje, genera grandes cambios en nuestras emociones, ya que el mero hecho de tomar conciencia de un cambio, genera una liberación emocional y una alta predisposición para el bienestar.

En este post os propongo un ejercicio muy sencillo, cambiar 4 palabras que solemos utilizar con frecuencia:

  1. DEBERÍA POR QUIERO: En muchas ocasiones a la hora de plantearnos una tarea, verbalizamos frases hacia el exterior o en nuestro pensamiento, que comienzan por «debería». Nuestra mente reacciona de manera defensiva ante las obligaciones y rechaza esa tarea que tenemos en mente. Si somos capaces de modificar nuestros «debería» por «quiero», nos hacemos cargo de la tarea desde el deseo y nos movilizamos para la acción. Un ejemplo:

❌ Debería hacer deporte (cómo obligación y eso me genera rechazo)
✔️ Quiero hacer deporte (cómo deseo que me mueve para la acción)

Seguro que si la frase que te repites es la segunda, tu tasa de éxito aumenta.

2. CULPA POR RESPONSABILIDAD: Hay muchas ocasiones en las que nos sentimos culpables por algo que ha ocurrido, por un error que hemos cometido y nos repetimos que tenemos la culpa de. Esta verbalización nos lleva a paralizarnos con un «fíjate lo que he hecho», cuando realmente podemos hacernos cargo de la situación con un simple «me siento responsable de». Un ejemplo:

✔️ La culpa de llegar tarde es mía.
❌ Llegar tarde fue mi responsabilidad.

En la primera frase me siento fatal pero no me comprometo conmigo a nada, mientras que en la segunda, me hago cargo de ello para evitarlo la próxima vez

3. INTENTAR POR HACER: Si a lo largo de mis días voy diciendo «voy a intentarlo», «intentaré», «lo intento» y frases parecidas, pierdo el compromiso de ejecución, pero si realmente digo «lo voy a hacer», «lo hago», mi posibilidad de ejecución aumenta exponencialmente. Un ejemplo:

❌ Intentaré cambiar mi lenguaje.
✔️ Voy a hacer estos cambios en mi lenguaje.

¿Cuál de las dos frases te suena más comprometida? Yo tengo claro que la segunda, y así lo suelo explicar. Cuando alguien te dice que va a intentar algo, pídele que se comprometa de verdad, y haz lo mismo contigo. Verás cómo cambian tus emociones.

En la publicación de Instagram previa a este post, alguien me dejó este comentario que me pareció genial:

¿Sabíais que en el idioma Swahili (es un idioma que se habla en varios países de África) no existe el verbo “intentar”? O se hace o no se hace. Muy sabios 

@SUSANABOKOBO

4. SOY POR ESTOY: Es curioso este cambio, que en otros idiomas tampoco existe, y es que cuando «soy», estoy hablando de mi esencia inmodificable, por ejemplo, soy persona, pero si «estoy», es algo puntual, como «estoy triste», no «soy triste», y eso, si quiero, puedo modificarlo, depende de mi y puedo hacer lo que quiera. Un ejemplo:

❌ Soy perezosa (cómo rasgo inmodificable de mi personalidad)
✔️ Estoy perezosa (ahora, hoy, de manera puntual y puedo cambiarlo si no me gusta)

Con estos cuatro cambios, podemos comenzar el camino del lenguaje positivo que tanta repercusión tiene en nuestro equilibrio emocional.

Si tienes peques, te recomiendo que estés pendiente de sus «soy», ya que te dan muchas pistas de cómo se perciben.

Comienza el cambio, ¿te apuntas?

¡Feliz día!

Si quieres comentar