Tanto podemos encontrar sobre las emociones de los niños… tanto hay escrito… parece que todos sabemos lo que los niños necesitan para ser felices, para dormir bien, para comer mejor, para ser autónomos, para que su autoestima sea maravillosa… y después de pasar mañanas, tardes, noches enteras leyendo, no sabemos qué hacer!

Pon límites vs no pongas límites

Coge en brazos vs no cojas en brazos

Dependencia vs independencia

Chupete vs nunca chupete

Duerme con él vs sácale pronto de tu habitación

La información es tan contradictoria que parece que todo vale! Desde que nació mi segunda hija he comentado mil veces que me encantaría escribir un libro con el título “Ni Carlos Gonzalez ni Estivill”… pero me parece muy arriesgado.

Como psicóloga y como madre estoy a favor y en contra de ambos autores, a favor y en contra de los límites, a favor y en contra del chupete y casi a favor y en contra de todo aquello que respeta al niño y a su evolución.

Dado que estamos en un momento en el que la información está al alcance de todos, y vemos que opciones absolutamente opuestas funcionan, me planteo por qué no dejamos de ir a los extremos y analizar un poco más como somos, como es nuestro estilo de vida, como es nuestro hijo, nuestra familia, nuestro entorno.

Solo a modo de ejemplo, me encanta hablar de colecho, de aquellos que me hablan de las maravillas de dormir con su hijo y de aquellos que me cuentan cómo les cambió la vida cuando pasaron a su peque a otra habitación. Con respeto de los límites y responsabilidades naturales, ¿qué es mejor? Ambos son maravillosos, siempre que te hace feliz.

Si en ocasiones nos planteáramos  responder a qué nos hace felices en nuestro entorno y no qué hace feliz a los demás, estoy segura que nos liberaríamos de una gran cantidad de cargas emocionales.

Aquello que a ti te hace estar bien, estar en consonancia contigo mismo es aquello que te hará creer en lo que transmites, en lo que crees, en lo que haces, por tanto, asegurarás que tus hijos conozcan un equilibrio entre lo que sientes, lo que haces y lo que dices.

Mi modo ideal de crianza: el respeto.

Buen día!

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