Relajación, que gran palabra, y mucho más cuando de niños hablamos. Este es uno de mis “mini-post” favoritos.

Para empezar me gustaría aclarar que desde mi punto de vista es necesario saber que un niño relajado no necesariamente tiene que estar quieto.

En niños de estas edades (2-3 años), la relajación debe ser entendida como una introducción o como un inicio a conocer sus emociones, descubrirlas y redirigirlas (hasta cierto punto), cuando no están siendo adecuadas, es decir, cuando no son adaptativas o no consigue salir de un bucle que no es emocionalmente sano (por ejemplo, querer dormir y no poder, sentir frustración por no tener algo que quiere por ser peligroso…)

El proceso de relajación es un aprendizaje, y para ello os voy a dar unas pautas para empezar el entrenamiento:

PAUTA 1: Condicionar un lugar: Es importante que cuando queremos entrenar la relajación de un niño tan pequeño, seleccionemos el espacio donde entrenar en otras ocasiones, es decir, sin distracciones, luz tenue, lugar cómodo. Las recomendaciones son sofá, mantita en suelo o cojines, brazos de un adulto… En muchos lugares recomiendan su habitación, yo tengo mis dudas, para mi depende de si su lugar de juego y descanso son los mismos.

PAUTA 2: Buscar la tranquilidad previa del adulto haciendo respiraciones diafragmáticas (ver post de respiraciones del adulto) para activar las neuronas espejo y comenzar con la modulación

PAUTA 3: Establecer una rutina de no más de 5 minutos para acompañar al pequeño en el nuevo proceso de aprendizaje.

PAUTA 4: Utilizar un tono tenue en todo el proceso.

PAUTA 5: Sin duda para mi es la más importante, pero absolutamente voluntaria, acompañar al peque con contacto en todo momento. Escuchar la demanda de quien tenemos a nuestro lado es vital para no interferir en el espacio del otro pero transmitiendo señales de acompañamiento.

Como rutina básica de relajación os propongo lo siguiente:

  1. Comunicar al niño que vamos a hacer un pequeño juego para aprender a encontrarnos mejor.
  2. Guiar al peque para que esté en una postura cómoda.
  3. Pedirle que cierre los ojos y que, manteniendo los ojos cerrados, sea capaz de tocarse alguna parte del cuerpo. Repetir 3-4 veces (por ejemplo, con la manita toca tu barbilla, con tu dedo toca la punta de la nariz)
  4. Ahora es momento de estirarse y encogerse, hasta que mantenga una postura en la que notemos que se encuentra bien.
  5. Indicar que debe coger aire y soplar como si quisiera apagar una vela, y repetir 2-4 veces.
  6. Continuar hablando de un lugar tranquilo o una situación tranquila durante un ratito más.
  7. Finalizar la relajación reforzando cualquier acercamiento a la conducta deseada y preguntando por los sentimientos y emociones.

 

En alguna sesión de relajación para niños, algún adulto me comentaba que estos pasos eran muy sencillos. Tuve la sensación de que estaba totalmente decepcionado con la clase, como si no hubiera aprendido nada nuevo.

Al final de esa clase me acerqué a él a preguntarle qué hacía a diario para conseguir ese control emocional con la finalidad de que pudiera compartirlo con los demás padres y madres. Me sorprendí con su respuesta cuando me dijo que realmente no hacía nada.

Tras varias sesiones y a la finalización del curso me enseñó una gran lección: la importancia de las pequeñas cosas. Me dijo que siempre esperamos aprendizajes o enseñanzas a lo grande sin haber conseguido implementar las cosas pequeñas.

Feliz día!

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